15/11/09

A las doce calabaza

Después de haber pasado una noche de aquellas, salí de lo de Juan lo suficientemente rápido como para no convertirme en calabaza. Me bañé, dormí un rato y me fui para la oficina con una de esas sonrisas que sólo nosotras sabemos entender.
En el asensor me encontré con mi amiga Jimena que con sus ojitos amenazantes me dio a entender que en el almuerzo no iba a zafar de contarle todos los detalles que habían originado mi carita de feliz cumpleaños y corrí a mi escritorio para ponerme a trabajar en la nueva campaña que teníamos que presentar para el viernes.
Estuve 4 horas exprimiéndome el cerebro tratando de pensar una idea novedosa acerca de cual era la mejor manera para venderle, a un ama de casa una esponja para lavar platos. Ahora si a alguien se le ocurre una manera novedosa de vender esponjitas aviseme , porque a mi por el momento no.
Así que cuando Jime vino a buscarme para comer fue como si me hubiese venido a rescatar un príncipe azul en caballo blanco.
Fuimos a comer a un bar muy palermitano y ahí fui víctima de un interrogatorio peor que el de la CIA acerca de mi noche loca con Juan, el chico del chino. Para cuando terminamos de ponernos al día había pasado el horario de almuerzo así que nos volvimos corriendo cada una a su lugar.
Arriba de mi escritorio había un post it que decía: " A las 17 hs reunión de proyecto y presentación del nuevo publicista senior".

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